Bailo por dentro

En la primera escena de la película Bailo por dentro, se observa la vida de varias personas con diversidad funcional. Uno de los co-protagonistas está afectado por una distrofia muscular, la enfermedad de Duchenne (DMD). 

El otro co-protagonista es un joven con parálisis cerebral.  Presenta un  trastorno del habla llamado disartria que es debido a problemas neuromuscularesque afectan a los elementos que intervienen en la articulación del lenguaje.  La disartria es una afectación neurológica (a nivel de sistema nervioso central) que produce dificultades en la programación o ejecución motora dando lugar a la presencia de alteraciones en la fuerza, el tono, la extensión, la velocidad y la repetición de los movimientos realizados por el sistema muscular encargado de la producción del habla y que interviene, por tanto, en la respiración, fonación, resonancia, articulación y prosodia.  

Otro de los actores secundarios, que aparece en los primeros minutos, interpreta a una persona con daño neurológico por traumatismo craneoencefálico que presenta tetraplejia. No presenta problemas de expresión o elaboración de los mensajes ni tampoco de comprensión. 
Al principio de la película podemos ver como las personas con diversidad funcional presentan problemas diferentes de movilidad (hemiplejia, tetraplejia, espasticidad); algunas de ellas como uno de los protagonistas no tiene problemas de comprensión pero si de expresión o elaboración de mensajes que le llevan a utilizar un sistema de comunicación alternativo (tablero de comunicación) o un intérprete con el "oído entrenado" y alta motivación y empatía para comprender o reformular si algo no ha entendido; en el centro conviven personas con déficits intelectuales y otros tienen la inteligencia y el juicio preservados para tomar sus propias decisiones autónomas. Sin embargo se observa infantilización y sobreprotección en el trato: en el léxico, en la propuesta de actividades, en la toma de decisiones, en la realización de Actividades de la Vida Diaria (ABD)

Los dos jóvenes protagonistas ansían y logran mayores cuotas de autonomía, aprendiendo a convivir juntos, en una vivienda adaptada (sin barreras en el acceso en la entrada, con mobiliario y cocina adaptada, cama articulada con carro, grúa....) y con un profesional de ayuda a domicilio que les acompaña en las AVD, donde necesitan supervisión, asistencia física mínima (lavarse los dientes, por ejemplo), asistencia física máxima (transferencia de la silla a la cama con la grua, aseo en ducha, alimentarse...., entre otras)

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