miércoles, 27 de abril de 2016

La relación de ayuda en el fomento de la adaptación a la institución

Para la mayoría  de nosotros, si por causa de requerir asistencia para nuestros cuidados personales y de la vida diaria, el momento del ingreso en una institución social sería probablemente muy delicado. El hecho de tener que adaptarse a unas normas, rutinas, estilo de vida y a un nuevo contexto de complicado resulta complicado en sí mismo, provocando, la suma de todas estas circunstancias, sensaciones de estrés. 

Cuando una persona en situación de dependencia acude a una institución para ingresar probablemente llegue con prejuicios acerca del centro, por ello es muy importante que nuestro primer encuentro con ella cree desde el inicio el clima de confianza y seguridad necesarios para facilitar su adaptación. 

En este caso es importante establecer desde el primer momento una relación de ayuda con la persona usuaria.


La institucionalización de las personas en situación de dependencia altera su mundo interior. Los/as profesionales de atención sociosanitaria, en nuestro quehacer diario y junto al equipo interdisciplinar, tendremos que atender también y ocuparnos de todo ese nuevo mundo de sentimientos y emociones que la persona le toca vivir. 

J.C. Bermejo en su libro Los apuntes de la relación de ayuda analiza, entre otras cosas, las actitudes y las destrezas fundamentales para que tenga lugar una relación de ayuda adecuada con la persona que la necesita. Éstas son:
  • la actitud empática, 
  • la escucha activa, 
  • la respuesta empática, 
  • la aceptación incondicional, 
  • la destreza de personalizar y confrontar y, 
  • la autenticidad.
Dimensiones de la persona. Modelo holístico.
El mismo autor describe la relación de ayuda como un proceso que debe estar centrado en la persona de un modo holístico y no sólo en la enfermedad. Dicho proceso presenta tres fases: primero la autoexploración del problema, utilizando principalmente la escucha activa y la reformulación; tras esta primera fase vendría la autocomprensión del mismo, mediante la personalización y la confrontación, y por último tendría lugar la acción para solucionarlo a través de la destreza de iniciar programando las posibilidades de actuar del ayudando.

El profesional de atención sociosanitaria tiene que conocer al ser humano enfermo, la persona doliente, en situación de dependencia. No obstante, la competencia relacional de estos profesionales, sin duda, se encuentra aún poco desarrollada. Por ello, estar atento al desarrollo de nuestra competencia relacional como parte indispensable para alcanzar el bien intrínseco de nuestra profesión, que no es otro que el cuidado, supone tener todo un conjunto de conocimientos o “saber”, así como la capacidad de usarlos en la práctica a través de la habilidades concretas y todo un conjunto de actitudes que permitan establecer buenas relaciones humanas.

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