Deterioro cognitivo y enfermedad de Parkinson


La enfermedad de Parkinson ha sido siempre considerada un trastorno motor. Sin embargo, en las últimas décadas, ha aumentado el reconocimiento de manifestaciones no motoras, entre las que destacan las alteraciones cognitivas, psiquiátricas (por ejemplo, la apatía y depresión) y la alteración del sistema nervioso autónomo (control de la tensión arterial y de la función urinaria).

Desde hace varios años, estos síntomas han recibido especial atención por parte de los especialistas e investigadores debido a su elevada frecuencia e impacto en la calidad de vida de pacientes, familiares y cuidadores, siendo, actualmente considerados parte integral de la enfermedad. 

Los “cambios cognitivos” — alteraciones de memoria, atención y pensamiento — con frecuencia llegan por sorpresa en la enfermedad de Parkinson. Pese a que los médicos reconocen cada vez más su importancia, muchos se enfocan en los síntomas motores. Por tanto, los problemas pueden no recibir suficiente tratamiento o no tratarse en absoluto. 

La enfermedad de Parkinson no es solo un trastorno del movimiento.
Los síntomas no motores son una parte muy significativa de la enfermedad de Parkinson. Aunque la enfermedad de Parkinson se asocia a menudo con el temblor, la lentitud o rigidez en nuestros movimientos y la dificultad para caminar, cuando se padece la enfermedad nuestras funciones cognitivas también resultan afectan y esto tiene un impacto directo en el día a día de las personas.

“Cognición” es el término utilizado para referirse a distintas capacidades mentales involucradas en el procesamiento y uso de la información: memoria, atención, pensamiento abstracto, resolver problemas, uso del lenguaje y capacidades visuo-espaciales.

Los términos “alteraciones cognitivas leves” y “alteración cognitiva” suelen utilizarse cuando los cambios son pequeños y afectan aspectos poco generalizados de la memoria y capacidad de pensamiento. Algunas personas pueden notar los cambios como meros fastidios, mientras que otras tienen síntomas que afectan el desempeño de su trabajo y el manejo del hogar.
¿Cuáles son específicamente las dificultades cognitivas que aparecen en la enfermedad de Parkinson?
  • Disfunción ejecutiva: Las funciones ejecutivas son las que nos permiten resolver problemas, así como planificar las cosas que queremos hacer, ejecutar las acciones y darle seguimiento mientras la llevamos a cabo. Los pacientes con párkinson pueden tener dificultad para hacer varias cosas a la vez o para tomar decisiones de manera rápida. Aún más si son varias decisiones a la vez.
  • Alteraciones de la memoria: La dificultad más frecuente es recordar información que ya ha sido aprendida. Para aprender nueva información suelen ser necesarias varias repeticiones.
  • Dificultades de atención: A medida que aumente la complejidad de una tarea será difícil que pueda mantener la concentración de la atención o dividir su atención entre dos tareas.
  • Lentitud en el procesamiento mental: Tal vez una de las consecuencias más notables del impacto de la enfermedad en la cognición. El párkinson afecta la rapidez con que las personas procesan y responden a la información. Esto no solo dificulta la resolución de problemas, sino también actividades cotidianas como conversar.
  • Disfunción del lenguaje: Resulta muy común la dificultad para encontrar la palabra adecuada mientras se conversa. También pueden experimentarse problemas para nombrar objetos o nombrarlos equivocadamente y usar un lenguaje más simple y menos espontáneo que antes.
  • Alteraciones viso-espaciales: Consisten en dificultades para percibir y procesar información visual y del entorno. Puede resultar difícil, por ejemplo, desplazarse por casa o calcular distancias, aumentando el riesgo de caídas.
Las causas de estos cambios cognitivos en la enfermedad de Parkinson no están claras. Sabemos que estos problemas están relacionados con los mismos cambios que resultan en los síntomas motores — muerte prematura de células cerebrales, cambios neuroquímicos y alteraciones del sistema de circuitos entre las distintas regiones cerebrales.

Otras enfermedades: la depresión, la ansiedad, la psicosis, las alteraciones del sueño y del comportamiento, pueden causar y agravar las dificultades cognitivas y, por tanto, deben tratarse.

El deterioro cognitivo leve (DCL) en la enfermedad de Parkinson es un factor de riesgo de demencia que afecta al 27% de los pacientes no dementes, siendo la frecuencia de casi 40% en aquellos con enfermedad avanzada. A pesar de la heterogeneidad de las investigaciones, los expertos han coincidido en que la asociación de déficits cognitivos que implican una disfunción de regiones cerebrales específicas (corteza cerebral posterior), principalmente la disfunción visual y espacial, que incluye la capacidad para orientarse en los lugares así como ubicar los objetos en el espacio; determinarían un mayor riesgo de demencia en los próximos años.

Además, la disfunción ejecutiva donde incluimos resolución de problemas, planificación o memoria de trabajo, las cuales aparecen frecuentemente al inicio de la enfermedad como consecuencia del déficit de dopamina, seguirían empeorando en la conversión a demencia. En este sentido, los profesionales han destacado que el riesgo de la demencia va a ser mayor en los pacientes de edad más avanzada (mayores de 70 años), que han iniciado la enfermedad de forma tardía y aquellos que llevan más tiempo sufriéndola. En el caso concreto del DCL, los signos o síntomas que pueden aumentar en mayor medida el riesgo de conversión a demencia serían la inestabilidad postural, tener un DCL más avanzado, la existencia de alteraciones visuoespaciales y las alucinaciones visuales.  La identificación de estos pacientes de mayor riesgo, es de utilidad no sólo desde el punto de vista clínico y pronóstico, sino también en el desarrollo de terapias modificadoras de la progresión de la enfermedad.

Deben hacerse pruebas para ver si las dificultades se deben a la enfermedad de Parkinson o a otras causas reversibles. Tras excluir otras causas, un neuropsicólogo llevará a cabo un estudio neuropsicológico para caracterizar la calidad y extensión de los problemas e identificar las áreas preservadas.

La terapia intenta reducir síntomas y mejorar la vida cotidiana mediante el uso de estrategias compensatorias. Los terapeutas ocupacionales pueden ayudar sugiriendo estrategias de adaptación, y ofreciendo programas formales de tratamiento, los logopedas pueden ayudar el lenguaje y el procesamiento de información

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