Tipos de duelo


Solo las personas capaces de amar intensamente pueden sufrir un gran dolor, pero esta misma necesidad de amar sirve para contrarrestar sus duelos y las cura
León Tolstói


Es importante conocer la diferencia conceptual entre los términos duelo, luto y pérdida, ya que todos ellos se refieren a reacciones psicológicas de los que sobreviven a una pérdida

• Duelo: sentimiento subjetivo provocado por la muerte de un ser querido.  La palabra “duelo“ procede del latín “dolus“ y significa “dolor“, es decir: sin atravesar el dolor no se supera el duelo.

• Sentimiento de pérdida: sentirse privado de algo muy querido, insustituible definitivamente y para siempre, a consecuencia de la muerte 

• Luto: expresión social de la conducta y las prácticas posteriores a la pérdida: llorar, lamentarse, exteriorizar la pena, vestir, comer, acudir a la iglesia, visitar la tumba, etc. Es una necesidad para mantener el dolor abierto y en algunas culturas incluso una exigencia social o religiosa. 

En este post destacaremos que cada duelo, como cada persona, es diferente. Aunque atravesemos las distintas fases del duelo, cada uno lo hará de una forma.  Conoceremos los distintos tipos de duelo en base a las circunstancias que envuelven a la pérdida. Dependiendo de cómo lo vivamos, el duelo puede ser retardado, ambiguo, anticipatorio, complicado, y crónico. Reconoceremos cuándo un duelo se convierte en patológico o se complica. Aprenderemos a diferenciar entre el duelo común (cuando la pérdida ha acontecido) y el duelo anticipatorio (cuando hay conciencia de la cercanía de la muerte). Todos los seres humanos nos encontramos con el duelo a menudo a lo largo de nuestra vida, ya que, por necesidad, sufrimos diferentes pérdidas Cada pérdida implica un sufrimiento que cada uno de nosotros debe experimentar y superar. Lo común a todo duelo es que implica una pérdida. Sin embargo, y dado que las pérdidas pueden ser de diversa naturaleza, también existen diferentes tipos de duelo.  Se habla de “duelos evolutivos” cuando se refieren a las pérdidas que implica el paso de una edad a otra.  También se mencionan los “duelos sociales”, como la pérdida de un empleo, la jubilación, etc. Sin embargo, los duelos que más dificultades traen son los que se originan en la pérdida de personas amadas, especialmente por muerte.   Esto se debe a que la mayoría de las veces se acaba el vínculo, pero no el amor, ni los sueños, fantasías y esperanzas que lo acompañan.

El duelo no se considera como un trastorno psíquico, sino como una reacción normal ante una situación de pérdida. En este sentido, no sería normal la ausencia de esta respuesta. La diferencia entre un duelo normal y uno patológico estriba en la intensidad y duración de las reacciones emocionales (Pancrazzi, 1993). La incidencia y prevalencia de duelo patológico oscilan según diferentes autores entre el 5‐20% de las reacciones de duelo. Además de la presencia intensa o duradera de este tipo de conductas, también se consideran duelos patológicos los siguientes (Abengózar y Zacarés, 1994; Lafuente, 1996):

  • Duelo reprimido. El sujeto no se aflige por la pérdida e incluso a veces se vanagloria de su autocontrol, como si rehusara sentir dolor por el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo, aunque no manifiesta sus emociones, como suele ser habitual en el duelo normal, presenta diversos síntomas físicos, producto de su represión, como jaquecas, trastornos gastrointestinales, etc.
  • Duelo aplazado. El sujeto no exterioriza ningún tipo de sentimiento relativo a su pérdida, pero al cabo de cierto tiempo, con motivo de una pérdida diferente e incluso menos importante, la muerte de un animal de compañía, por ejemplo, reacciona con manifestaciones de aflicción bastante exageradas, que están motivadas realmente por la primera pérdida.
  • Duelo crónico. El sujeto manifiesta un duelo intenso, durante un tiempo más prolongado de lo que se considera normal. La aflicción es tal, que no le permite reorganizar su vida. Es posible que se combine con la “momificación”, que consiste en dejar las cosas del difunto tal y como estaban cuando vivía. También puede aparecer la “conmemoración”, hacer algún tipo de homenaje o ritual diario en relación con el difunto.
  • Idealización. El sujeto recuerda únicamente las características positivas del difunto y, a veces, establece comparaciones continuas entre aquél y otras personas, saliendo éstas siempre en desventaja de esta confrontación. Esta desvalorización de toda persona, distinta del fallecido puede acarrear serios problemas en las relaciones con ellas, e impedir que el superviviente entable otras relaciones, porque piensa que la “perfección” sólo se alcanza una vez.
  • Identificación. El sujeto manifiesta comportamientos, síntomas, actitudes, calcadas a las del difunto, como si así pretendiera mantenerlo “vivo”.
  • Euforia. Este es el menos frecuente. Se pueden presentar en dos maneras diferentes: en la primera de ellas, la euforia va acompañada de un no reconocimiento de que la pérdida ha ocurrido de hecho, así como de sentimientos persistentes de que el difunto se halla presente. En la segunda modalidad, se acepta la muerte como gratificante para el que ha vivido la pérdida.

Duelo normal. Quizás deberíamos haber comenzado esta clasificación por este tipo de duelo, que es el más frecuente, y que se caracteriza por diferentes vivencias en todas las dimensiones de la persona y que ya hemos señalado en otro apartado. El duelo no se considera como un trastorno psíquico, sino como una reacción normal ante una situación de pérdida. En este sentido, no sería normal la ausencia de esta respuesta. La diferencia entre un duelo normal y uno patológico estriba en la intensidad y duración de las reacciones emocionales (Pancrazzi, 1993).


Características del duelo normal Kaplan (1996): 

Aturdimiento y perplejidad ante la pérdida.

Dolor y malestar.

Sensación de debilidad.

Pérdida de apetito, peso, sueño.

Dificultad para concentrarse.

Culpa, rabia.

Momentos de negación.

Ilusiones y alucinaciones con respecto al fallecido.

Identificación con la persona fallecida.

  • Si la idealización o la identificación con el difunto es leve, pasajera y no impide al superviviente reorganizar su vida, pueden ser parte de un duelo normal (Lafuente, 1996).
  • La presencia de alucinaciones aisladas no debe considerarse patológica ya que resultan relativamente frecuentes, especialmente en personas mayores (Macías y cols, 1996). En este sentido, Grimby (1993) encontró que el 82% de las personas viudas ancianas experimentaban, durante el primer mes, ilusiones de presencia del difunto o alucinaciones visuales, auditivas o táctiles. Además, una gran mayoría, manifestaban que este fenómeno alucinatorio les resultaba agradable.

La incidencia y prevalencia de duelo patológico oscilan según diferentes autores entre el 5‐20% de las reacciones de duelo. La presencia de alucinaciones aisladas no debe considerarse patológica ya que resultan relativamente frecuentes, especialmente en personas mayores (Macías y cols, 1996). En este sentido, Grimby (1993) encontró que el 82% de las personas mayores que enviudaban  experimentaban, durante el primer mes, ilusiones de presencia del difunto o alucinaciones visuales, auditivas o táctiles. Además, una gran mayoría, manifestaban que este fenómeno alucinatorio les resultaba agradable.


Aquí vamos a describir algunas formas de duelo más comunes (Cabodevilla,2007 )
Duelo anticipatorio. 
Es un tipo de duelo en el que el/la deudo/a ya ha empezado la elaboración del dolor de la pérdida sin que esta haya ocurrido todavía. Es una forma de anticipar la pérdida que irremediablemente ocurrirá en un corto periodo de tiempo. Este tipo de duelo es relativamente frecuente cuando el ser querido se encuentra en una situación de terminalidad, aunque no haya fallecido. Es una forma de adaptación a lo que va a llegar.

Duelo congelado o retardado
Se le conoce también como duelo inhibido o pospuesto. Se presenta en personas que, en las fases iniciales del duelo no dan signos de afectación o dolor por el fallecimiento de su ser querido. Se instaura en el/la deudo/a una especie de prolongación del embotamiento afectivo, con la dificultad para la expresión de emociones. En el duelo congelado, a los deudos les cuesta reaccionar a la pérdida.

Duelo ambiguo 
La pérdida ambigua es la que más ansiedad provoca ya que permanece sin aclarar (Boss, 2001). Existen dos tipos de pérdida ambigua. En el primero, los deudos perciben a determinada persona como ausente físicamente pero presente psicológicamente, puesto que no es seguro si está viva o muerta, ya que no se ha localizado el cuerpo. Esta forma de duelo ambiguo aparece muy frecuentemente en catástrofes y desparecidos por distinta índole. En el segundo tipo de pérdida ambigua, el/la deudo/a percibe a la persona como presente físicamente pero ausente psicológicamente. Muy común en personas con demencias muy avanzadas o que han sufrido daño cerebral y se encuentran en estado vegetativo persistente.

Duelo crónico
El/la deudo/a se queda como pegado en el dolor, pudiéndolo arrastrar durante años, unido muchas veces a un fuerte sentimiento de desesperación. Es incapaz de rehacer su vida, se muestra absorbida por constantes recuerdos y toda su vida gira en torno a la persona fallecida, considerando como una ofensa hacia el difunto restablecer cierta normalidad. Se manifiesta un duelo intenso, durante un tiempo más prolongado de lo que se considera normal. La aflicción es tal, que no le permite reorganizar su vida. Es posible que se combine con la “momificación”, que consiste en dejar las cosas del difunto tal y como estaban cuando vivía. También puede aparecer la “conmemoración”, hacer algún tipo de homenaje o ritual diario en relación con el difunto.
Duelo enmascarado 
La persona experimenta síntomas (somatizaciones) y conducta que le causan dificultades y sufrimiento, pero no las relaciona con la pérdida del ser querido. En este tipo de duelo, el/la deudo/a acude frecuentemente a los médicos aquejados de diferentes disfunciones orgánicas, pero calla el hecho de su pérdida reciente, ya que no lo relaciona con ello.
Duelo exagerado. 
También llamado eufórico. Este tipo de duelo puede adquirir tres formas diferentes.
1. Caracterizado por una intensa reacción de duelo. En este caso habrá que estar atentos a las manifestaciones culturales para no confundirlo con ellas.
2. Negando la realidad de la muerte y manteniendo, por lo tanto, la sensación de que la persona muerta continua viva.
3. Reconociendo que la persona sí falleció, pero con la certeza exagerada de que esto ocurrió para beneficio del/de la.

---

Comentarios

Publicar un comentario